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RESTAURANTE LA ZAMORANA

 

Hablar de los hermanos Méndez, así, de entrada, puede no decir nada a muchos lectores. Pero si se añade que José y Manuel son desde 1973 los propietarios del exitoso y lauredado restaurante «La Zamorana», la cosa cambia. Entonces no hay pérdida. Estos hermanos restauradores abandonaron su Villayón (Illano) natal para acabar tomando con fuerza las riendas del local situado en Hermanos Felgueroso. Por ese buen hacer Hostelería de Asturias les reconoció esta semana con el Diploma de Honor. Por ser, les dijeron, «ejemplo de trabajo y dura dedicación en un servicio consolidado a lo largo de los años».

Y tanto que se ha consolidado a lo largo de los años. De hecho, poco queda del negocio que en su día regentaron Ramiro y Petra, conocida por «La Zamorana». Este matrimonio había fundado un dispensario de vino a finales de los años 40, pero la prematura muerte de él vio truncada la continuidad del negocio. Entonces Enrique Pardo, conocido pescadero con nociones de hostelería (había regentado el bar Guaniquey), sentó las bases para que el marisco entrara por la puerta. Pero es en 1973 cuando los hermanos Méndez dan un giro de 180 grados al negocio, que basa su éxito en el trabajo diario de José y Manuel. Si a eso se le añade la gran calidad del producto, todo cuadra con el éxito de un restaurante consolidado que, a pesar de la crisis, es capaz de mostrar en sus vitrinas las exquisiteces del Cantábrico.
Muchos son los empresarios que atraviesan el humbral de la sidrería y se adentran en un local al que de la vieja bodega le queda casi exclusivamente el espacio donde se acomoda la barra. Y es que poco a poco, como se hacen los buenos negocios, la empresa hostelera de los Méndez fue creciendo y eso incluyó su expansión por los bajos colindantes. Primero hacia la calle Jesús, para más adelante ampliar fachada.
Incansables en su empeño por complacer a todo tipo de clientela estos dos serios empresarios, de los que Manuel es la cara más «mediática» y José disfruta en el segundo plano, decidieron en otro momento de su historia empresarial comprar otro de los solares pegados al edificio original; ahí dieron el salto a la gestión inmobiliaria y de paso que conseguían un gran almacén para la sidrería y zona de vestuarios para la plantilla, construyeron también viviendas. Pero el «boom del ladrillo», en su caso, no fue un argumento para retirarse y ahí siguen, en su marisquería, casi de sol a sol. Compaginándola con la participación en otros negocios -Somió Park- pero sin descuidar su bastión, por donde pasan lo mismo ilustres que gijoneses del vinín diario.
Tienen un comedor dedicado a «Quini», cuidan a los amantes del arte de la tauromaquia, y hasta se han atrevido como galeristas de arte y en sus salones han colgado lienzos de artistas como Paco Fresno, Félix García Ordás, Fernando Fueyo o Ismael González.
Pero lejos de ensayos, lo que de verdad ha dado nombre y prestigio a los Méndez es su trabajo, el no escatimar el precio del producto y sobre todo, atender a su clientela con un trato directo y como si de su propia familia se tratara. La continuidad del negocio ya la tienen asegurada porque José hijo ya está totalmente integrado en el día a día de «La Zamorana».

TETÉ F. BALSEIRO